"Days go by like the wind and this life is too short" The Rasmus

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La Hora del Café -A8-

Hace mucho que me he perdido del blog, si tú lees y te gusta la historia, no te olvides de dejarme un comentario, eso aviva las ganas de publicar y escribir...es la gasolina de un ficker. 






Hora 07:00

-Kau-

Hace un tiempo atrás,  solía celebrar con mucho entusiasmo, las diferentes fechas festivas del año; inclusive mi cumpleaños, pero poco a poco fui perdiendo el interés en todas esas fechas, salvo una en especial; el día de San Valentín.
No era especial por el simple hecho de ser una fecha de amor, sino, que también era de amistad  con las personas que estaban cerca de uno.
Tenía ya días sin saber nada del Señor Conejo, y se acercaba el día de fiesta, solo tal vez se acordaba y venía a mí, pero lo más probable era que no, no porque no quisiera, quería creer, sino, porque otras cosas ocupaban su mente, otras cosas que ocupaban más su atención, pero en esta ocasión no sería yo quien iría a buscarlo para celebrar.
Si no venía era por algo, y si yo no iba, era simplemente porque el camino hasta el fondo del bosque ahora era demasiado lejos, o esa excusa me decía para no ir hasta donde estaba él, porque querer era poder.
Quería ir, verlo, saludarlo y celebrar con él no una fecha de amor, no para él, sino una fecha de amistad que era mutuo el afecto.



***


El día llegó. Los minutos, las horas pasaron y él no vino, lo esperé todo el día, no he de mentir, sentada en el buro de mi ventana, viendo pasar las nubes frente a mi ventana, viendo caer los copos de nieve uno tras otros, y él jamás llegó.
En el fondo de mi corazón siempre supe que nunca vendría, o bien porque le diera igual o tal vez solo se olvidó de felicitarme, pero saber las cosas o creer que pasaran, no es lo mismo a ver que de verdad se hacen realidad; es difícil. Es como cuando dicen, “está haciendo frío afuera”, te abrigas porque ya lo sabes, pero aún no lo sientes, y es solo cuando sales que afrontas la realidad, del frío del ambiente.
El sol se fue y con ello solo vino la luna hacerme compañía. Sabia Señor Conejo era alguien solitario, ausente, que un día venía dándome calor y al otro frio, lo sabía, sí que lo sabía y muy bien, y no pasaba nada; en los días normales, pero días como estos, se sentía más fuerte su frialdad.

Al día siguiente, al primer rayo de sol, se presentó Señor Conejo, algo serio, mucho más serio que de costumbre. Se sentó en su silla favorita viéndome fijamente, mientras yo aún seguía recostada en mi cama, con mis colchas encima.
Sus orejas estaban acostadas hacia atrás, no se le veía el mismo entusiasmo que tenía siempre que venía, sus ojos estaban apagados; sin luz, solo me miraba, penetrando mi aura, lastimándome su semblante taciturno.
 – ¿Ayer por qué no apareciste?, te estuve esperando, no me felicitaste- concluyó en una voz queda, y pausada, como si las palabras pesaran 1 tonelada. –mis oídos no daban crédito a lo que había escuchado, parecía que tanto él como yo, nos habíamos quedado esperando que el otro hiciera algo y ninguno de los dos hizo nada.
Mi alma sonrió. Me puse en pie, avanzando hasta él, para agacharme y colocarme a su nivel y poder verlo a los ojos. – ¡Yo también!, te estuve esperando, como no tienes una idea. – Me acerque más, hasta poder tocarlo, me incline hasta su rostro y le di un beso en la mejilla. – Feliz Día de San Valentín Señor Conejo, para nosotros todos los días serán de celebrar esa fecha, así que no pasa nada si ayer ninguno dijo algo-.

En el transcurso de su visita, hicimos nuestra rutina sagrada, hasta que la noche llegó. Obviamente no quería que se marchara no solo porque deseaba se quedara a mi lado, sino porque el clima no estaba muy bien afuera, pero no le diría nada.
No hizo falta que abriera la boca para poder expresarle mi deseo, creo mi rostro era un reproductor de mis palabras, porque dijo no tenía intención de marcharse, por el contrario quería dormir; en mi cama, conmigo, dándonos calor mutuamente en este gélido invierno, y también para  el invierno de su corazón





jueves, 28 de febrero de 2019

La Hora del Café -A7-

Feliz Nuevo Año, aunque un poco tarde mis felicitaciones. Les agradezco a todos los que leen anonimamente y a la que no; Magda :) que siempre deja un comentario, gracias por eso, no sabes lo bonito que es saber que alguien deja un mensaje después de leer.


@conigliooooo


La navidad había llegado en un abrir y cerrar de ojos, la época más esperada por todos. Me gustaba el ambiente festivo que rondaba en todo el bosque, las aves solían cantar con más entusiasmo que de costumbre, o bueno era lo que sentía al escucharlas. Las flores parecían tener más vivos sus colores, haciendo que mi jardín no tuviera que envidiarle nada al de Alicia en el País de las Maravillas.

Mí amado árbol de cerezo, cuyas flores eran pequeños pétalos que si los doblabas parecían la mitad de un corazón, estaban de un rosado de ensueño, me instaba a querer pasar bajo su sombra todo el día, y maravillarme con el placer que podía contemplar, aunque por los momentos sola.

Señor Conejo como era de costumbre, venia esporádicamente, ya no podía adivinar que día vendría, porque ahora se tardaba más, y más, cada día mas, claramente la añoranza crecía y crecía, pero en el fondo me hacía feliz que el anduviera por ahí, siendo libre y volviendo a mi cuando deseara mi compañía.

No recordaba la última hora del café que habíamos tenido, porque el tiempo se había vuelto relativo; me parecían milenios, cuando en realidad solo a lo mucho unos 5 días ya de su última venida. No estaba triste, mis días seguían su rumbo, hacia las cosas que de costumbre solía hacer: contemplaba mis flores, mis árboles, los atardeceres, y tomaba café sola.

Sí bien era el mismo café que solía beber con Señor Conejo, por alguna razón sabia diferente sin su presencia, era como si él fuese la azúcar que le daba el dulzor a mi bebida, y sin él, solo era agua con color, que no lo descubrí, hasta que el volvió a mí.

Tiempo atrás acostumbraba solo beber café cuando él llegaba, pero cuando sus venidas se fueron haciendo más y más lejanas, tuve que empezar a beberlo sola, y entonces llegó de pronto un día, nos sentamos debajo del árbol de cerezo; al ocaso del sol, y el primer sorbo de café que tomé, me supo a café… con dos cubitos de felicidad.

Él me hacía ver que le aportaba un cubito de felicidad extra, a todo lo que estaba cercano a él. No es que estaba triste sin él, solamente normal, tranquila, sin nada que hiciera acelerar mi tranquilo corazón, que me hiciera sentir que sus cubitos de felicidad, era algo que no sabía que me faltaban, que las cosas eran dulces sin él, pero con él, la dulzura de la vida se multiplicaba.

No sabía por qué el de su venir cada día con mas distancia, no le quería preguntar, quería que si tenía algo que compartir, lo hiciera porque así lo deseaba, no porque se lo preguntara, y si no deseaba  contar nada, entonces no era quien para enterarme.

El invierno estaba pronto a llegar, lo podía notar en el cambio del aire, se sentía tan pero tan refrescante en pleno mediodía que era casi una delicia, y también lo hacían los animales. Los pajaritos solían abarrotar por completo los arboles alrededor de mi casa, los venados se atrevían a pasar corriendo a lo largo de mi hogar más seguido, muchos más animales se estaban haciendo visible, a lo mejor para prepararse para el invierno, o tal vez solo estaban como yo, disfrutando del maravilloso clima.
Cierto día, de la misma semana previa al inicio del invierno, llegó Señor Conejo, se avecinaban fechas festivas, en medio del invierno y sabía muy bien  se refugiaría en su madriguera; a unos metros de distancia y no conmigo, como hubiese deseado.
Hice la rutina de siempre en modo automático, fui a  la cocina, prepararé nuestro café, lo serví en nuestras tazas especiales, abrí un paquete de galletas con cubierta de chocolate y subí a mi habitación. Él estaba sentado al pie de la ventana, con la vista perdida en el horizonte.

Me preguntaba porque volvía, a veces lo tenía claro, o pensaba que así lo hacía, pero en otras ocasiones no sabía el porqué de su volver, aunque pasaran más días, y creyera que no volvería, él lo hacía; sorprendiéndome, así como hoy, ya ni recordaba de la última vez que había vuelto a mi casa, pero se sentían milenios en mi corazón.

-El invierno está cada vez más cerca- dije en voz alta, sacándolo de sus pensamientos al instante. Volteó su cabecita peluda blanca y me miró. Me acerqué a la ventana y le ofrecí lo de siempre, donde siempre. Él me sonrió de una manera que la sonrisa le llegó hasta los ojos, y eso valía más que mil palabras.

Continúe hablando mientras me sentaba a su lado en mi silla. –Quiero adelantarme y ser la primera que te desee feliz año nuevo Señor Conejo.- él dejó su café a un lado para ponerme total atención. – Quiero que este nuevo año bailes conmigo en la oscuridad, sin miedo a tropezar, y caer, porque si eso llegase a pasar, yo te ayudaría a ponerte en pie.- Señor Conejo estaba enmudecido, su rostro era un poema, no vi su intención de interrumpirme por lo que continué. – Quiero que dejes atrás el miedo que tienes de mí, y puedas confiar plenamente, porque siento, eso te aleja cada día que pasa más de mi lado, no sé si es así, pero es lo que siento.


Solo entonces él habló. – Yo confío en ti Kau, no malinterpretes cuando me alejo, simplemente soy así, un día estoy al otro no estoy.
Era tan cierto lo que decía, un día estaba pero muchos días  no, y al final del mes, eran más los días que no estaba que los que sí, y no era algo que remarcar en letras de neon, pero ambos lo sabíamos, y ambos continuábamos hasta que un día todo terminaría, y se desvanecería entre nosotros.
No me terminé de tomar el café, por alguna razón ya no me sabía a ese su sabor, sino era agua simple con color. Lo vi marcharse desde la entrada de mi casa, no sabía cuándo volvería, ni me atrevía a preguntar, porque era condicionar a que me diera una fecha que tal vez no iba a querer, pero por cumplir volvería, y que volviese por deber mejor que no lo hiciese.

***

La nieve comenzó a caer, día tras día, mis amadas flores todas estaban del mismo color ahora, ya no había más grama verde por la cual caminar, ahora todo era blanco, hasta el sol ya no era igual; su luz era opaca, pero no me podía dejar de contaminar por el aura depresiva del ambiente, así que comencé a hacer mi propio jardín en mi habitación.
Tomé hojas de papel de todos los colores que encontré y comencé hacer rosas de origami. Me tardé aproximadamente 4 días en terminar de hacer más de 1 docena de cada color. Fui a buscar luces de las que poníamos en el árbol de navidad, para iluminar mi cuarto y darle vida, ya que era muy difícil tratar de ver eso afuera.

Había conseguido varias cortinas de luces blancas, que las colgué por todo mi cuarto, las rosas de origami de todos colores, las fui intercalado con las luces, las tiré en el piso, pegué unas cuantas en conjunto para simular ramos,  puse uno en el baño, en la sala, en la cocina y muchos en mi habitación, parecía como si la primavera hubiese vuelto.

Primavera en mi habitación.

Invierno en el exterior.

Pero mi corazón… era una mezcla de los dos en esos momentos.

Un día de pronto, lo vi llegar en plena tormenta. Se había empapado totalmente, su pelaje ya no era blanco sino negro por el lodo, y todo su cuerpo temblaba a causa del frio. Inmediatamente fui a preparar café. Lo sequé con mi toalla, y lo abracé para darle mi calor. Podía sentir como aun temblaba contra mi pecho, a pesar de todas las colchas que tenía.

No sé por cuánto tiempo más tembló, pero cuando lo dejó de hacer pude respirar tranquila. Aun seguíamos abrazados  a pesar de que ya había entrado en calor, pero ni él ni yo queríamos separarnos, no me molestaba tenerlo así, y a él tampoco al parecer.

Nos quedamos dormidos unas cuantas horas, hasta que él me despertó y me insto a salir. Me abrigué y como pude a él también. Comenzamos a caminar sin rumbo fijo pensé, por muchas millas a través de la calle principal que estaba a las afueras del bosque.
Era raro que usáramos esa vía, pero no dije nada y lo seguí.

Llegamos al puente, que conectaba la ciudad con mi isla, nos detuvimos frente la barandilla, contemplando las luces lejanas de todos los edificios en plena noche de invierno, se acercó más a mí, abrazándome completamente y susurrando a mi oído dijo:
- Sé que amas los colores de la primavera, pero estamos en invierno y será uno muy largo, así que mi regalo es este, mi pequeña, una breve ilusión en medio de la noche en este invierno, una primavera artificial hecha por esas luces fabricadas  y mi compañía.

Las palabras para agradecerle estaban atoradas en mi garganta, sin poder articular ninguna de ella, quería hacerlo pues rara vez hacia cosas como estas, su acto valía más que cualquier cosa, que cualquier palabra, que cualquier olvido, estaba completamente anonadada nunca me imaginé que él saldría casi a la ciudad.

Nunca  hubiese pensado que estábamos caminado hacia mi obsequio, o bueno lo que él decía era, porque mi regalo lo había recibido desde el día que lo conocí, a lo que solo pude abrazarlo más fuerte sin querer soltarme y que él no me soltara no por ahora.























jueves, 13 de diciembre de 2018

La Hora Del Café -A6-


Y el fin de año ya casi se acerca...
nunca pensé que volvería a escribir, como lo hice esta mitad del año.
Gracias Magda y lector@s fantasmas, por leer!


@conigliooooo



Las estaciones había pasado en su abrir y cerrar de ojos, el clima había cambiado y así también las personas, porque nada era igual, todo se transforma, algunas cosas para bien otras para mal, pero eventualmente hay una evolución, porque siempre ha sido así; desde tiempos antiguos.

Señor Conejo, ese ser que proyectaba algo que no era, y que no todo el mundo podía realmente decir como era en verdad, también había cambiado, no sé si para bien o para mal, pero ahora solía pasar más tiempo en el bosque que de costumbre. Sus llegadas a casa eran más esporádicas, más lejanas, más cortas, no le decía nada, porque sabía él compartía sus cosas cuando así lo sentía, no cuando debía hacerlo, me gustaba que se sintiera libre, pues libre siempre habia sido y así debería seguir.

Cada cabeza es un mundo, y una bien grande era la del Señor Conejo. El otro día, en una de nuestras “hora del café”, me había compartido, que su vecina más cercana, Doña Ardilla lo había despedido; ya no quería que hiciera su nido, no porque no lo encontrase capaz, sino porque Don Ardillo la había abandonado, y ya no tenía caso continuar con los planes. Señor Conejo obviamente no tenía contemplado algo así en su futuro próximo, y eso le dio un giro de 180 grados a su vida; porque él siempre está trabajando. Creo tener tanto tiempo libre lo tenía estupefacto.

Hace mucho tiempo le había regalado un teléfono móvil, para estar en comunicación; cuando se perdía más de lo habitual, pues me hacía falta, y también al menos saber que estaba vivo, ver que no había perecido, así como la última vez, que se había ido, y era, porque había caído por un acantilado; yaciendo muerto, pero que gracias a la bondad del Señor Tiempo, había regresado sano y salvo.

No era lo mismo hablar por el móvil, pero era algo, a nada. A veces se sentía como si en verdad estuviese en la misma habitación; yo recostada en mi cama, escuchando como las gotas de lluvia caían afuera, mientras conversábamos por el móvil, como si también estuviese ahí, recostado pero no conmigo, sino a un lado, porque nunca sería lo mismo, por más que se quisiera nunca sería lo mismo que tenerlo cerca.

Quería tenerlo a mi lado, abrazarlo, darle mi calor, y viceversa. Que viéramos partir la luna juntos, y ver salir el sol de igual manera, porque nada se compara a estar en compañía con alguien que de verdad aprecias, y compartir momentos que aunque fuesen efímeros o no, serian entrañables.

Quería…

Quería…

Quería tantas cosas, pero por ahora solo un momento juntos; una hora de café, no porque le mandase una invitación, sino porque él viniese por su voluntad, porque siempre había sido así, o bueno la mayoría de las veces.



***


Había pasado tanto tiempo de nuestra última hora del café, que en ocasiones cuando sucedía esto, no siempre era la misma que lo recibía, me notaba un tanto resentida, y no me gustaba sentirme así, porque no solo cambiaba la forma en como me sentía, sino en cómo me expresaba hacia él.

Pero como siempre decían las personas, Señor Tiempo lo curaba todo, y me había acoplado a su modus operando, que de un tiempo para acá, ya no cambiaba la forma en que lo recibía, solo me alegraba de que volviera, y lo recibía con los brazos abiertos y muchos besos. Comprendía que no siempre podía venir a verme, que no era que me olvidaba totalmente, que a veces aparecía en su mente; como una luz brillante, que le  daba ese toque de luz extra, a su ya iluminada vida.

Recordaba la última vez que había venido, habían pasado tantos días, que por un momento, de verdad pensé quería mi ausencia total, y se lo hice saber, a lo que él contesto, que no quería mi ausencia, simplemente, estaba disfrutando sus días en el bosque, en esta nueva etapa, que era estar sin un horario estricto del trabajo, sino siendo libre totalmente.

¿Y quien no quería ser libre en estos tiempos?, si siempre lo hemos sido.

Y así como venía  el invierno; a congelar corazones, haciendo más cortos los días, más largas las frías noches, siempre vendría luego un verano, derritiendo  gélidos corazones, haciendo de los días soleados más largos, y de las noches más cortas, porque todo cambiaba, nada era eterno.


***



@conigliooooo


Señor Conejo había llegado, en una noche en la que nevaba bastante; la primera nieve del invierno, no pensé que hubiese atravesado el bosque tan tarde y con tan mal tiempo, pero un día le había dicho que si llegaba a nevar, sería muy especial que estuviésemos juntos, viendo la primera nevaba, porque según mitología asiática, los seres que veían  la primera nevada del mes, no se separaban.

Nos acercamos a la ventana, y contemplamos juntos como los copos de nieve caían, todo los arboles estaban cubiertos de polvo blanco, que aunque era de noche, parecía que era de día, así de maravillosa era la naturaleza.

Ver como cada copo de nieve nacía, y caía, haciendo su viaje lentamente hasta el suelo; donde moría, y yacía, para derretirse posteriormente y volverse agua, así de efímero era todo en el mundo; como ese copo de nieve, por eso debía de disfrutar los pequeños momentos, que podían ser solo hoy, como mañana también.

Así de fugaz parecía ser todo, como un copo de nieve, como una gota de agua, que nace desde la fuente, va cayendo en caída libre, hasta impactar en el suelo y desaparecer.

-¿Por qué estas triste Kau?- preguntó Señor Conejo, que veía mi reflejo en la ventana.

No me giré para enfrentarlo, porque tenía mis ojos pesados, cargados con agua; con lágrimas, que no quería derramar, que eran a causa de pensamientos llenos de nostalgia,  pero verdaderos.

-No estoy triste, es solo que, ver cómo nace un copito, va cayendo disfrutando de su momento de libertad, para caer, en unos segundos después y morir, me hace ver que las cosas en el mundo suelen pasar así de rápido.- contenté, sin dejar de contemplar el paisaje.

-Tienes razón, siempre ha sido así, y así continuara, pero está en cada uno de nosotros, no ponernos a pensar tanto las cosas, preocupándonos por el futuro, en lugar de vivir el presente, porque muchos seres se la pasan frustrados pensando en el futuro que  quieren vivir, que se olvidan de vivir el presente que la vida les está dando.- Señor 
Conejo tomó mi mano, y me insto a seguirlo, para yacer juntos en la alfombra.

Lo seguí, me recosté sobre mi cojín, y él se colocó detrás de mí, dándome su calor, no solo por fuera, sino, que también hacia calentar mi alma profundamente como nadie lo había hecho, y sin pensar en nada más, cerré mis ojos y me deje apapachar.




@conigliooooo












miércoles, 28 de noviembre de 2018

La Hora del Cafe -sideB-



Un día nos dejamos llevar por la magnitud del momento y atravesamos un portal negro, que apareció de la nada ante nosotros, en una de las tantas horas del café,  en  el cual ya no éramos los mismos, y no solo éramos diferentes externamente, sino internamente. Habíamos viajado a través del tiempo y del espacio, pues todo a nuestro alrededor se movía, como ráfagas de luz de múltiples colores que iban y venia, a toda velocidad, que si las mirabas fijamente te mareabas.

Estábamos suspendidos en la nada, pero no nos caíamos, estábamos flotando; aun seguíamos en el agujero negro, Señor Conejo tomó mi mano fuerte, para darme valor pues en mi rostro se notaba la angustia del momento, no sabíamos a dónde íbamos ni si regresaríamos a donde estábamos hasta hace unos instantes.

Las ráfagas se detuvieron, y desaparecieron, dejándonos a los dos sobre un vasto campo en plena luz de la luna. Las estrellas parecían que se habían multiplicado por 100, me hacía estremecer lo hermoso que se miraba el cielo lleno de tantos microscópicos puntos brillantes, era algo tan maravilloso, que me quitaba el aliento, era  para quedarse ahí eternamente contemplándolas.

Sentí el pelaje de mi acompañante, que ahora no era más un conejo; sino un hermoso lobo negro, con el semblante taciturno tatuado, yo en cambio, ya no era más la niña pequeña soñadora, sino una joven pasada de la adolescencia, mi pelo largo, negro caía en ondas sedosas hasta mi cintura. No éramos los mismos externamente, e internamente me sentía diferente también.



Señor Lobo caminó perezosamente, arrastrando sus patas, a la cima de la colina, lo seguí y me causo risa el movimiento de su cola, sabía que estaba feliz. Le alcancé el paso y le sonríe pues el solo hecho de estar ahí, con él me hacía feliz.

No sabía porque estábamos ahí, ni cuanto duraríamos, pero lo único certero era que debíamos de disfrutar el momento.

-¿Extrañas mi otra forma?- dijo el Lobo.- ¿Qué siempre llega una vez a la semana a ti, que le gusta beber el café contigo?-. Llegamos a la cima y él se sentó en sus patas traseras, y cuando me senté a su lado, él terminó de apoyar sus patas delanteras en el suelo, recostándose totalmente.

Era tan magnifico verlo así, estirado, relajado, con su gran cuerpo y pelaje, que me acerque a él y recosté mi cabeza a un lado de su cara, mientras con mi mano izquierda recorría su lomo, en suaves caricias.

-Si y no, veras los dos son el mismo ser, lo único que ha cambiado es tu forma externa, pero sigues siendo el mismo. Tal vez este acostumbrada a verte, blanco, pequeño corriendo de aquí para allá, y ahora que eres negro, grande y quieto, pero es algo que en unos pocos momentos me acostumbraré.


***

 
Habíamos encontrado una casa, en medio del bosque, parecía la cabaña de un acaudalado, me serví un poco de vino, y nos sentamos frente a la chimenea para entrar en calor, pues afuera el clima había cambiado en un instante, y ahora nevaba, cuando previas horas tan solo la frescura de la noche se sentía.

-¿Qué pasa por tu mente ahora que estoy aquí, que no tengo planeado marcharme?-Él Señor lobo se hizo bolita frente a las llamaradas de la chimenea, pero con vista fija hacia mí, que me había sentado en un sofá de terciopelo negro.

-Tal vez estas disfrutando de mi compañía, así como yo de la tuya, de una manera diferente; estas más sosegado,  preguntón, más reflexivo, y antes todo lo contrario.- quede viendo mi copa, a medio llenar, mientras hacía girar su contenido lentamente, haciéndose un remolino en el centro. El vino olía delicioso, un pequeño sorbo y tenías un rato para disfrutar. Al inicio de encontrarse con tu lengua, era dulce, pero un dulce que no empalagaba sino agradable, avanzaba un poco más, y sentías lo ácido de las uvas, y ya cuando no había más en tu boca, sentías la mezcla de ambos, en una perfecta unión, quedando con la sensación que algo pesado acababa de ingerir y no solo liquido rojizo.

-¿Me extrañabas mucho antes, cuando solía ir solamente de vez en cuando?- Señor Lobo se puso en pie magistralmente, como si la elegancia fuera su segundo nombre, y camino hasta el sofá; hasta mí. 

Se sentó en sus patas traseras, apoyándose firmemente en sus delanteras, y sus ojos me quedaron viendo fijamente.

Tomé un sorbo de vino, deje que la pregunta me hiciera cosquillas en el interior, tanto así que hasta sonríe.- Claro que te he extrañado, siempre lo hago, en muchas ocasiones te lo he dicho, tal vez no de manera tan directa; con esas palabras, pero si lo he demostrado. Me encanta cuando vienes a mi casa y nos sentamos frente mi ventana a contemplar el horizonte, y perdernos hablando, que quisiera que el tiempo se detuviera, pero sé que te tienes que marchar y aguardar por tu próxima visita, y por eso no me gusta que a veces dices: mañana volveré y no lo haces, porque si dices esos, seré feliz desde hoy, esperando por el mañana que nunca llegó, es preferible que me digas: otro día volveré, porque es incierto ni tú lo sabes, mucho menos yo, y no acumulo ninguna emoción.

Lobo se subió al sofá, se recostó en la parte libre que quedaba, pero su cabeza la coloco en mis piernas, pidiendo mimos no audibles.

Dejé mi copa a un lado de la mesa de vidrio que estaba a un lado, y me concentre en hacer lo que quería él y yo. Acaricie sus orejas suavemente, de arriba abajo, luego hice un remolino con mis dedos en el centro de su cabeza, a lo que le fascinó, porque cerró automáticamente los ojos.

-Antes cuando has dicho que me extrañabas, me gustó la sensación que causo en mi saberlo, me he estremecido, has hecho temblar la capa de hielo que se asienta sobre mi corazón, por alguna extraña razón me han conmovido tus palabras, siempre logras la manera de reconfortarme cuando estas platicando conmigo, y es por eso que siempre vuelvo; me haces reír, me relajas, me alivias, me confortas, es por eso que te pido; si un día me alejo, no lo hagas tú, por favor, porque pueda que me aleje sin quererlo, porque otras cosas perturben mi mente y no halle la manera de volver, pero entonces, tu hazlo por mi.- para el término de su monologo, ya me había recostado en el sofá y él junto a mí, mi brazo rozando su pelaje, sintiendo su columna vertebral.
 
Inhalé y exhalé profundamente, para lo que iba a continuación decir:- me da miedo extrañarte, pues cada vez que te pierdes más de mi lado; así como entre más días te vas, más grande se hace mi añoranza por ti, y a veces no es tan agradable sentir que eso va incrementando, pues muchos dicen por ahí, que quien ignora es porque no quiere, y si algo no quieres; estorba, creo ese no es tu caso, o quiero creer, pero entonces se contamina mi mente y mi corazón y haces que de estar a 5 metros sobre el cielo, pase a estar en la tierra otra vez, y no es que este malo, por el contrario me gusta;  sentir que tengo el poder de volver a estar en mis 5 sentidos, que vuelvo a ser  estoica,  pero entonces siento que no estoy completa, que algo me falta, que no sé qué es, que no me pone ni triste ni feliz, sino solo sosegada, pero que no estoy con la sensación de antes, esa en la cual me encontraba a 5 metros; levitando de éxtasis.

Sabía que esto era transitorio, que pronto volveríamos a mi casa; a la realidad, en donde solo se acercaba una vez, de vez en cuando, pero era agradable tenerlo cerca más tiempo, y poder hablar de todo y de nada. Me di vuelta, enfrentándolo y abrace su forma peluda contra mi pecho, su hocico respiraba fuertemente contra mi cuello, haciendo leve cosquilleo, pero perpetrando el momento en mi mente.

Me sentía hipnotizada por el momento, por la calma del lugar, por la cercanía de su presencia, creía que si lo miraba mucho tiempo a los ojos resbalaría, y caería, solo por el simple hecho de estar bajo su hechizo.

Deseé tener un estéreo en ese lugar y sonara esa canción de Coldplay-Hypnotised, que describía a la perfección eso. Y  olvidé donde estaba, en otra realidad que no era la nuestra, sino una alterna donde todo podía pasar, y así comencé a escuchar la música a lo lejos que se hacía más audible, que la melodía me envolvía, me daba un confort, que parecía que tocaba mi alma, que  era el soundtrack de mi corazón, se sentía sublime, como si pudiese flotar al compás de las notas musicales, era demasiado agradable como para poder describirla a la perfección.

No quería que acabara la canción, ni que se terminara nuestro tiempo, porque sabía, cuando retornáramos a la realidad, volveríamos a lo de antes; a las más ausencias que presencias, que en si no importaban, pero si tenía que elegir una de las dos, elegiría la segunda obviamente.

Sentía llegar el final de la melodía, cada vez más cerca y no quería. Abracé más fuerte a Señor Lobo enterrando mi rostro en su cuello peludo y deseé por primera vez que no fuese un animalito, sino un ser humano de carne y hueso como yo.

Y en esta realidad alterna; se me fue otorgado.















Arte: Chiara Bautista
Soundtrack: Coldplay

sábado, 10 de noviembre de 2018

Secretos de una ficker


Una ficker, no se hace de la noche a la mañana, no es que amaneces y dices "vamos a escribir", no nada que ver, por lo general hay varios factores que deben estar presentes, el principal de ellos, es la fascinación por algo o alguien, en mi caso como ya lo habrán visto es: The Rasmus Siempre he escrito de ellos y muy egocentricamente para ellos, aunque bueno, no con el fin de que ellos realmente me lean.

Otro de los factores, seria la inspiración, porque por muchas ganas de escribir que tengas, si no la tienes nunca avanzaras en esa historia en concreto que querías realizar, y he de decir que pasa muy a menudo que tienes la inspiración en los momentos mas inapropiados para agarrar tu lapto y lanzarte a escribir un capitulo entero, bueno eso es lo que me suele pasar a mi, o solía hacerlo, ahora mi inspiración ha vuelto y se ha mantenido por bastante tiempo, cosa que es rara, llevo casi 6 meses en un estado de inspiración continua y de la cual estoy muy agradecida, porque puedo escribir.

Cuando he querido escribir, pero no tengo la inspiración a flor de piel, es muy difícil hacerlo, los párrafos no salen fluidos, y cuesta mucho avanzar en la historia y bueno tener una historia de principio a fin en mi caso es lo fundamental.

A veces solo dejo que la inspiración me guía, como si llevase los ojos cerrados, sin pensar en si lo que escribo ahora encaja con lo que haré mañana, pero como soy guiada por la inspiración, eso no importa, porque al final todo encaja perfectamente, tu mente es como un laberinto, del cual se puede salir en un abrir y cerrar de ojos, no hay cabo suelto, no hay nada que no cuadre, todo es perfecto, por eso me fascina escribir en inspiración.

Hay algunas ocasiones que estoy viendo algo en la pc y me viene la inspiración, y anota en un cuaderno la idea, ese tipo de sucesos lo llamo flash momentáneos, pues no durara para siempre y debes como sea buscar en donde escribir, un ejemplo de eso en mi notas de celular, la cual esta llena de ideas muchas ideas que por lo general suelo pasar rápido a la historia que estoy llevando a cabo.

Y en otras ocasiones esta el tipo de inspiración que no es flash; que es perecedera, a través del tiempo y del espacio, y de el detonan muchas y muchas historias. Tenia 2 años casi, no estar en ese tipo de inspiración que ha sido tan gratificante. Es como cuando llega cansada a tu casa pero sucia, y anhelas darte una ducha para luego meterte en tus sabana limpias, pues esa sensación de ínfimo placer gratificante es el que siento cuando escribo en inspiración perecedera.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La Hora del Café -C4-

@conigliooooo IG

Cuando el miedo no nos deja vivir

Señor Conejo llegó puntual como siempre solía hacerlo, pero en esta ocasión fue diferente. Se quedó más tiempo de lo normal, se salió de la rutina, de lo ya establecido, que me maravilló, pues rara vez se quedaba más del tiempo que él consideraba oportuno, y velozmente salía corriendo.

Quería preguntarle qué había pasado, que había cambiado, pero sabía no contestaría, a veces parecía ser un conejo de verdad; de esos pequeños escurridizos seres que son mudos con total falta de la palabra, pero no hacía falta que dijera algo, solo agradecer su compañía.

Él ya había entrado a nadar en la gran taza de café que había preparado con anticipación, sabia amaba el café, como no iba amar una gigante taza de café gourmet.

Llamó por mí para que me apresurara, porque no quería nadar solo, y vacilé un momento, claro que quería entrar, pero quería hacerlo con mi chaleco salvavidas, era una taza muy muy onda, si lo sabía yo que me había costado llenarla, pero Señor Conejo me había dicho que no podía hacerlo así, debía entrar sin miedos.

Era tan fácil para él decirlo, y tan difícil de hacerlo, y no porque no quisiera complacerlo, sino que tenía miedo, miedo de nadar sin mi protección, de introducirme, y ahogarme, sabía que él intentaría salvarme si así fuere el caso, pero si me empezaba a ahogar, solo iba a estar en mí, poder salir a flote, él no podría hacerlo, solo yo.

Vacilé, no sé cuánto tiempo, hasta que al fin, me quité todo y sin pensarlo dos veces, me metí a la taza. La sensación fue deliciosa, pero no solo la del café contra mi piel, sino la libertad del momento, de mi decisión, que estaba ahí con él, nadando sin protección alguna.

Me tomó de la mano, y comenzamos a sumergirnos profundamente, se volvió para verme y con gestos, me hizo entender de lo que me hubiese perdido si me hubiese quedado arriba; flotando, tranquila, pero aun con miedo, y verdaderamente dejarse llevar, quitarse los miedos de encima se sentía bien.

Era una libertad absoluta, plena sin comparación alguna.









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