Y el fin de año ya casi se acerca...
nunca pensé que volvería a escribir, como lo hice esta mitad del año.
Gracias Magda y lector@s fantasmas, por leer!
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@conigliooooo |
Las
estaciones había pasado en su abrir y cerrar de ojos, el clima había cambiado y
así también las personas, porque nada era igual, todo se transforma, algunas
cosas para bien otras para mal, pero eventualmente hay una evolución, porque siempre
ha sido así; desde tiempos antiguos.
Señor
Conejo, ese ser que proyectaba algo que no era, y que no todo el mundo podía
realmente decir como era en verdad, también había cambiado, no sé si para bien
o para mal, pero ahora solía pasar más tiempo en el bosque que de costumbre.
Sus llegadas a casa eran más esporádicas, más lejanas, más cortas, no le decía
nada, porque sabía él compartía sus cosas cuando así lo sentía, no cuando debía
hacerlo, me gustaba que se sintiera libre, pues libre siempre habia sido y así
debería seguir.
Cada
cabeza es un mundo, y una bien grande era la del Señor Conejo. El otro día, en
una de nuestras “hora del café”, me había compartido, que su vecina más
cercana, Doña Ardilla lo había despedido; ya no quería que hiciera su nido, no
porque no lo encontrase capaz, sino porque Don Ardillo la había abandonado, y
ya no tenía caso continuar con los planes. Señor Conejo obviamente no tenía
contemplado algo así en su futuro próximo, y eso le dio un giro de 180 grados a
su vida; porque él siempre está trabajando. Creo tener tanto tiempo libre lo tenía
estupefacto.
Hace
mucho tiempo le había regalado un teléfono móvil, para estar en comunicación;
cuando se perdía más de lo habitual, pues me hacía falta, y también al menos
saber que estaba vivo, ver que no había perecido, así como la última vez, que
se había ido, y era, porque había caído por un acantilado; yaciendo muerto,
pero que gracias a la bondad del Señor Tiempo, había regresado sano y salvo.
No
era lo mismo hablar por el móvil, pero era algo, a nada. A veces se sentía como
si en verdad estuviese en la misma habitación; yo recostada en mi cama,
escuchando como las gotas de lluvia caían afuera, mientras conversábamos por el
móvil, como si también estuviese ahí, recostado pero no conmigo, sino a un
lado, porque nunca sería lo mismo, por más que se quisiera nunca sería lo mismo
que tenerlo cerca.
Quería
tenerlo a mi lado, abrazarlo, darle mi calor, y viceversa. Que viéramos partir
la luna juntos, y ver salir el sol de igual manera, porque nada se compara a
estar en compañía con alguien que de verdad aprecias, y compartir momentos que
aunque fuesen efímeros o no, serian entrañables.
Quería…
Quería…
Quería
tantas cosas, pero por ahora solo un momento juntos; una hora de café, no
porque le mandase una invitación, sino porque él viniese por su voluntad,
porque siempre había sido así, o bueno la mayoría de las veces.
***
Había
pasado tanto tiempo de nuestra última hora del café, que en ocasiones cuando sucedía
esto, no siempre era la misma que lo recibía, me notaba un tanto resentida, y
no me gustaba sentirme así, porque no solo cambiaba la forma en como me sentía,
sino en cómo me expresaba hacia él.
Pero
como siempre decían las personas, Señor Tiempo lo curaba todo, y me había
acoplado a su modus operando, que de un tiempo para acá, ya no cambiaba la
forma en que lo recibía, solo me alegraba de que volviera, y lo recibía con los
brazos abiertos y muchos besos. Comprendía que no siempre podía venir a verme,
que no era que me olvidaba totalmente, que a veces aparecía en su mente; como
una luz brillante, que le daba ese toque
de luz extra, a su ya iluminada vida.
Recordaba
la última vez que había venido, habían pasado tantos días, que por un momento,
de verdad pensé quería mi ausencia total, y se lo hice saber, a lo que él contesto,
que no quería mi ausencia, simplemente, estaba disfrutando sus días en el
bosque, en esta nueva etapa, que era estar sin un horario estricto del trabajo,
sino siendo libre totalmente.
¿Y
quien no quería ser libre en estos tiempos?, si siempre lo hemos sido.
Y
así como venía el invierno; a congelar corazones,
haciendo más cortos los días, más largas las frías noches, siempre vendría luego
un verano, derritiendo gélidos corazones,
haciendo de los días soleados más largos, y de las noches más cortas, porque
todo cambiaba, nada era eterno.
***
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@conigliooooo |
Señor
Conejo había llegado, en una noche en la que nevaba bastante; la primera nieve
del invierno, no pensé que hubiese atravesado el bosque tan tarde y con tan mal
tiempo, pero un día le había dicho que si llegaba a nevar, sería muy especial
que estuviésemos juntos, viendo la primera nevaba, porque según mitología asiática,
los seres que veían la primera nevada
del mes, no se separaban.
Nos
acercamos a la ventana, y contemplamos juntos como los copos de nieve caían,
todo los arboles estaban cubiertos de polvo blanco, que aunque era de noche, parecía
que era de día, así de maravillosa era la naturaleza.
Ver
como cada copo de nieve nacía, y caía, haciendo su viaje lentamente hasta el
suelo; donde moría, y yacía, para derretirse posteriormente y volverse agua, así
de efímero era todo en el mundo; como ese copo de nieve, por eso debía de
disfrutar los pequeños momentos, que podían ser solo hoy, como mañana también.
Así
de fugaz parecía ser todo, como un copo de nieve, como una gota de agua, que nace
desde la fuente, va cayendo en caída libre, hasta impactar en el suelo y
desaparecer.
-¿Por
qué estas triste Kau?- preguntó Señor Conejo, que veía mi reflejo en la
ventana.
No
me giré para enfrentarlo, porque tenía mis ojos pesados, cargados con agua; con
lágrimas, que no quería derramar, que eran a causa de pensamientos llenos de
nostalgia, pero verdaderos.
-No
estoy triste, es solo que, ver cómo nace un copito, va cayendo disfrutando de
su momento de libertad, para caer, en unos segundos después y morir, me hace
ver que las cosas en el mundo suelen pasar así de rápido.- contenté, sin dejar
de contemplar el paisaje.
-Tienes
razón, siempre ha sido así, y así continuara, pero está en cada uno de
nosotros, no ponernos a pensar tanto las cosas, preocupándonos por el futuro,
en lugar de vivir el presente, porque muchos seres se la pasan frustrados pensando
en el futuro que quieren vivir, que se
olvidan de vivir el presente que la vida les está dando.- Señor
Conejo tomó mi
mano, y me insto a seguirlo, para yacer juntos en la alfombra.
Lo
seguí, me recosté sobre mi cojín, y él se colocó detrás de mí, dándome su
calor, no solo por fuera, sino, que también hacia calentar mi alma profundamente
como nadie lo había hecho, y sin pensar en nada más, cerré mis ojos y me deje
apapachar.
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@conigliooooo |
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